domingo, 25 de julio de 2010

La Razón del Lenguaje

Actualmente hemos pasado de ser seres de razón a seres de lenguaje, porque la razón es el lenguaje, ya que vivimos una realidad de intercambios simbólicos que le dan significado al mundo. Todo debe justificarse a traves del lenguaje, para darle sentido a las cosas. El lenguaje permite al hombre extrapolar su manera de crear, potenciándola, ya que al suceder fuera de él puede observarla depositando sus ideas en un espacio diferente del que ejerce para pensarlas.

Los seres humanos somos seres lingüísticos, vivimos en el lenguaje, ya que no sólo nos permite hablar "sobre" las cosas, hace que ellas sucedan. Por lo tanto, es acción, crea realidades; los seres humanos, al hablar, hacemos declaraciones, afirmaciones, promesas, pedidos, ofertas que nos permiten crearnos a nosotros mismos, al expresar nuestras ideas, abrimos o cerramos posibilidades. Cuando hablamos modelamos el futuro, nuestra identidad y la del mundo que vivimos.

Rafael Echeverría (1994), divide la ontología al lenguaje en dos grandes campos que llama descriptivo y generativo, con la idea de diferenciar lo que sucede por el hablar, o las consecuencias que hablar pueda causar en el mundo. Cuando se habla de lo que pasa, o sobre lo que pasa, estoy describiendo con el lenguaje, entonces mi hablar podría llamarse descriptivo. En cambio cuando creo algo nuevo con mí hablar, cuando genero algo, entonces mi accionar puede considerarse generativo.





El producto o consecuencia del lenguaje, estará relacionado con la manera en que sea generada y recibida esa conversación. Una vez generada, la idea se deposita en el lenguaje, quedando liberada de su autor y el resultado que produzca dependerá de las diferentes maneras en que los involucrados participen en esa conversación, o sea dependerá de la manera en que la escuchen, la interpreten, la legitimen. De este modo será el lenguaje, como fenómeno social, una herramienta al servicio de la efectividad de lo que se quiera lograr o crear grupalmente o en equipo.

Otro aspecto imprtante del lenguaje es que ocurre en la relación, y su capacidad de generación dependerá del tamaño y poder de la relación. La aptitud del lenguaje como generador de acción es asombrosa y solo podrá expresarse, germinar fructíferamente, si es sembrada en una relación con espacio suficiente para florecer. A la hora de regar, nutrir a la relación dará el poder generativo al lenguaje, de otro modo su alcance podría solo ser descriptivo. Entonces la relación estará condicionada por mi escucha previa, que será fuente del contexto, que permitirá nombrar la acción que resulte posible, y que luego sea coordinada, diseñada, establecida.

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