La realidad educativa que vivimos, amerita de una aportación que permita mejorar la calidad y el rendimiento académico de las universidades. Las necesidades actuales, la complejidad que experimentamos, demandan de una formación que responda a ciertas exigencias, para que la universidad y los estudiantes puedan integrarse e interrelacionarse con la empresa y el estado siendo estos los actores fundamentales de la sociedad.La institución universitaria debe observar atentamente los cambios del entorno presentes y futuros y flexibilizarse para promoverlos, siendo este el camino lógico ya que en la universidad se forman las personas y se originan relaciones personales que pueden originar las mutaciones necesarias. Sin embargo la realidad es otra. Actores como las empresas en muchos casos han tenido que asumir este papel y en algunos cosas de forma improvisada, como consecuencia de la desvinculación o separación entre universidad y empresa o simplemente porque no consigue en ella lo que necesita. Es por ello que afirmamos que las universidades no solo deben estar al tanto de las necesidades actuales, deben adelantarse a los movimientos sociales y prever necesidades futuras y buscar a toda costa la vinculación con las empresas y adicionalmente transformar sus estructuras y gestionar el conocimiento a través del enfoque del pensamiento complejo.
La universidad juega un papel fundamental en el desarrollo de la sociedad como ente capaz de generar transformaciones importantes, pero por si sola se hace casi imposible lograr los cambios requerido, por lo tanto debe establecerse una relación complementaria e interdependiente entre la universidad y cada uno los componentes de la sociedad, tales como la empresa, el estado y los individuos para lograr la retroalimentación necesaria para hacer sustentable y sostenible el mundo en que vivimos.
Comprender esta realidad desde la complejidad implica cultivar una forma de pensamiento sistémico, de interacciones, interrelaciones y auto-organización que deben adoptar todos los miembros de la sociedad, en especial las universidades para lograr transformarse y generar conocimiento útil, pertinente, a la altura de las necesidades de la sociedad. La complejidad como un modo de pensamiento implica penetrar más allá de la apariencia de lo real y para desarrollarlo en las personas, debe darse una transformación importante en las estructuras educativas tradicionales que en muchos casos han priorizado la formación de un modo simple de pensar. Esto es esencial para poder avanzar en la construcción de conocimiento significativo, donde se construya bienestar, construcción del tejido social y equilibrio con el medio ambiente.
Algunas Propuestas fundamentales para el desarrollo de este enfoque son: 1) Pasar de la disciplinariedad a la transdisciplinariedad para superar los esquemas cognoscitivos que atraviesan las disciplinas, teniendo presente el medio en que se originan y se plantean los problemas y buscando en todo momento una deconstrucción más que el quiebre de la disciplina ya creada; 2) Alentar a la iniciativa, al trabajo en equipo, a las sinergias, pero además al autoempleo y al espíritu empresarial; los recursos y movilizar el conocimiento y los agentes locales, con miras a crear nuevas actividades que permitan adaptarnos a las nuevas realidades.; 3) Definir la calidad educativa con base en las dimensiones de eficacia (lograr que los alumnos aprendan lo que se supone que deberían aprender para afrontar la realidad en que vivimos), relevancia (lograr contenidos que respondan adecuadamente a lo que el individuo necesita para desarrollarse como persona) y de procesos y medios (ofrecer un adecuado contexto físico para el aprendizaje, un cuerpo adecuadamente preparado para la tarea de enseñar, buenos materiales de estudio y de trabajo, estrategias didácticas adecuadas); y 4) La formación, estímulo y reconocimiento a los investigadores, los cuales deben ser reconocidos y no ser relegados a un segundo plano como ocurre en nuestro país, no sólo por el nivel de sus ingresos sino por el valor social que se le otorga a su actividad.
Basados en estas propuestas se plantean dos planes de acción concretos, que en esencia no pretenden desplazar a los tradicionales, sino el surgimiento de nuevas formas educativas. La primera propuesta tiene que ver con la Promoción de Franquicias Educación para la transmisión de conocimiento entre escenarios educativos y empresariales con la finalidad de generar redes de conocimiento tanto a nivel local como internacional generándose de esta forma recursos financieros, materiales y nuevos estadios de conocimiento. La segunda propuesta se relaciona con Flexibilización Curricular para la transformación permanente de ritmos, de medios y de contextos de aprendizaje. Básicamente se trata de permitir hacer cambios en los horarios, las pedagogías, los profesores, las didácticas, los medios de enseñanza, los complementos a la formación, el manejo de los contenidos, los espacios formativos, la movilidad estudiantil, el intercambio y la formación docentes, la organización y la reorganización de asignaturas o de cursos, el desarrollo de facultades extra, la configuración de carreras mixtas, que contempla que un estudiante se inscriba en la universidad y no en un programa específico, graduándose según créditos vistos.
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