sábado, 24 de julio de 2010

La Organización “de sótano”

Un aspecto de gran relevancia y que casi nunca es mencionado ni estudiado en las empresas, es lo que Marín (2004) llama la organización “de sótano”, que funciona al margen del sistema formal, donde se hace transgresión no solamente de sus normas, estructura y funcionalidad, sino además de sus códigos morales y éticos. Es decir, se hace transgresión de sus valores corporativos, sus pactos políticos y su misión.


La cultura gerencial al extender sus redes sociales informales va conformando cierto grupo de especialistas profesionales en el desarrollo y ejecución de estrategias de perversión de lo público, como por ejemplo expertos en contabilidad engañosa para evadir impuestos, expertos en gerenciamiento corrupto de contratos públicos, expertos en quiebra ficticia de empresas, y en general expertos en sobornar el gerenciamiento jurídico, judicial y de control del Estado, para ponerlo a su servicio. De esta manera la organización de “sótano” posee otras redes funcionales de poder no identificables como una unidad global, sino más bien como microcentros que se hacen y se deshacen, en relaciones mucho más dinámicas que las formales. Además hace que la información administrativa sea construida o deformada para ocultar los resultados y decisiones de los grupos de poder informal y de sus relaciones de dominación.



En esta forma se generan dos tipos de organizaciones que subsisten embrionadas. Una de carácter formal que corresponde a ejercicios de poder fundamentados en la discusión abierta, el respeto por la individualidad, la cooperación, la tolerancia y el beneficio organizacional y en otra que funciona como “sótano” de la organización que corresponde a ejercicios del poder donde impera la individualidad y donde la cultura de la corrupción de los valores corporativos y de la misión de la organización se practica sin ningún condicionamiento. Las estructuras subterráneas van adquiriendo mayor valor que las formales, porque los agentes por el principio de regresión sicológica, se ven dirigidos a reproducir las conductas que les están produciendo éxito.

Todas las organizaciones en menor o mayor grado la presentan la realidad antes mencionada. Con esta perspectiva entonces, la investigación organizacional debe estar orientada a develar estos paradigmas colectivos ocultos y para esto entonces se requiere revolucionar nuestras metodologías convencionales del estudio de la organización. En un nuevo contexto metodológico, investigadores y gestores del cambio se verán implicados en prácticas complejas de socialización con la vida organizacional, que abrirá mejores caminos para penetrar en ese “submundo organizacional”, y en ese sentido como lo plantea Michelat (1993), percibir, rastrear y descubrir la información enmascarada, oscura o poco frecuente, pero definitiva en la comprensión de los factores de resistencia (pp. 12-15).

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