Una de las grandes debilidades de la educación superior en Venezuela es la falta de énfasis en la importancia que tiene conocer las circunstancias históricas, psicológicas y sociológicas que llevan a la obtención del conocimiento científico, esta situación nos hace menos críticos y más ingenuos. Muchos estudiantes, entre los que me incluyo, caemos en cuenta de lo importante que es la Epistemología en un nivel de estudio como el Doctorado, donde profesores como el Dr. Rafael Ramírez nos concientizan y nos llevan a recorrer este mundo fascinante que, aunque puede ser confuso al comienzo, nos permite enriquecernos y nos da la posibilidad de generar un pensamiento útil y posiblemente provechoso para la ciencia.
En cualquier trabajo de investigación para plantear un problema o una hipótesis, bien sea con el enfoque del método de verificación de hipótesis de los positivistas lógicos, de refutación de teorías de Karl Popper, los paradigmas científicos de Thomas Khun, el análisis cualitativo de Paul Fayerabend o la teoría de la complejidad de Edgar Morin, entre otros, se debe establecer un piso teórico que nos lleve a comprender el objeto de estudio y cuáles son los elementos que lo integran y lo rodean.
Uno de nuestros estudiosos de este tema, el profesor Miguel Martínez Miguélez en su libro “El paradigma emergente” establece que:
“Una actividad recurrente del investigador prudente debe ser el revisar y analizar la firmeza del terreno que pisa y la fuerza y dirección de las corrientes de las aguas en que se mueve; es decir, la solidez de los supuestos que acepta y el nivel de credibilidad de sus postulados y axiomas básicos. Sólo así podrá evitar el fatal peligro de galopar feliz e ingenuamente sobre la superficie helada y cubierta de nieve del lago que cree una llanura inmensa y segura.” (p.57)
Esta afirmación ilustra perfectamente la realidad de cualquier investigador, al cual lo peor que le puede suceder es caer en el camino de la ingenuidad ya que esto le impedirá lograr su fin último que es la creación o la innovación de conocimiento útil para él o para la sociedad.
En la historia de la evolución del pensamiento aparece una constante que explica los cambios, las contraposiciones, la mudanza de criterio, las arrogancias, la radicalización y cualquier otra actitud que desentone con el estado científico, cultural o filosófico del momento. Esa constante es la búsqueda, la investigación que se traduce de cierta manera en inconformidad, cuestionamiento o confirmación.
En todas y en cada una de las oportunidades en que surge una teoría, una posición científica, ésta se ha nutrido de una posición anterior, de una verdad ya aceptada y de estos elementos se ha construido y basado para aflorar una manera distinta de enfocar un determinado problema, precisar una concepción diferente y construir nuevas verdades.
En cualquier trabajo de investigación para plantear un problema o una hipótesis, bien sea con el enfoque del método de verificación de hipótesis de los positivistas lógicos, de refutación de teorías de Karl Popper, los paradigmas científicos de Thomas Khun, el análisis cualitativo de Paul Fayerabend o la teoría de la complejidad de Edgar Morin, entre otros, se debe establecer un piso teórico que nos lleve a comprender el objeto de estudio y cuáles son los elementos que lo integran y lo rodean.
Uno de nuestros estudiosos de este tema, el profesor Miguel Martínez Miguélez en su libro “El paradigma emergente” establece que:
“Una actividad recurrente del investigador prudente debe ser el revisar y analizar la firmeza del terreno que pisa y la fuerza y dirección de las corrientes de las aguas en que se mueve; es decir, la solidez de los supuestos que acepta y el nivel de credibilidad de sus postulados y axiomas básicos. Sólo así podrá evitar el fatal peligro de galopar feliz e ingenuamente sobre la superficie helada y cubierta de nieve del lago que cree una llanura inmensa y segura.” (p.57)
Esta afirmación ilustra perfectamente la realidad de cualquier investigador, al cual lo peor que le puede suceder es caer en el camino de la ingenuidad ya que esto le impedirá lograr su fin último que es la creación o la innovación de conocimiento útil para él o para la sociedad.
En la historia de la evolución del pensamiento aparece una constante que explica los cambios, las contraposiciones, la mudanza de criterio, las arrogancias, la radicalización y cualquier otra actitud que desentone con el estado científico, cultural o filosófico del momento. Esa constante es la búsqueda, la investigación que se traduce de cierta manera en inconformidad, cuestionamiento o confirmación.
En todas y en cada una de las oportunidades en que surge una teoría, una posición científica, ésta se ha nutrido de una posición anterior, de una verdad ya aceptada y de estos elementos se ha construido y basado para aflorar una manera distinta de enfocar un determinado problema, precisar una concepción diferente y construir nuevas verdades.
El sujeto: De su negación y rechazo a la aceptación y reconocimiento
Los seres humanos nos encontramos inmersos en un mundo complejo, siendo esta una característica que se presenta desde que nacemos ya que en el fenómeno social se integran una cantidad infinita de interrelaciones. A pesar de esta realidad, la historia del método científico nos demuestra que sólo fue a finales del siglo XX donde empezó a cambiar la idea de simplicidad y fragmentación por una idea de complejidad en un esfuerzo por conocer la realidad de un modo integral, donde el todo no es la suma de las partes y la parte no sustituye al todo.
Esta forma de pensamiento en el mundo occidental nace con el positivismo lógico el cual se inicio en 1920 y se extendió a finales de la segunda guerra mundial (1945). Sus principales exponentes fueron un grupo de investigadores de la Universidad de Viena, encabezados por Morris Slick, Rudolf Carnap, Han Hans, Otto Neurath, Alfred Julius Ayer, quienes conformaron el llamado Circulo de Viena. Este grupo planteó y sistematizó un método científico denominado Método de verificación de hipótesis en el cual se parte de una hipótesis, pasa por el diseño de la prueba que permite la recolección y análisis de las observaciones y culmina con la verificación o falsación de la hipótesis.
Los seres humanos nos encontramos inmersos en un mundo complejo, siendo esta una característica que se presenta desde que nacemos ya que en el fenómeno social se integran una cantidad infinita de interrelaciones. A pesar de esta realidad, la historia del método científico nos demuestra que sólo fue a finales del siglo XX donde empezó a cambiar la idea de simplicidad y fragmentación por una idea de complejidad en un esfuerzo por conocer la realidad de un modo integral, donde el todo no es la suma de las partes y la parte no sustituye al todo.
Esta forma de pensamiento en el mundo occidental nace con el positivismo lógico el cual se inicio en 1920 y se extendió a finales de la segunda guerra mundial (1945). Sus principales exponentes fueron un grupo de investigadores de la Universidad de Viena, encabezados por Morris Slick, Rudolf Carnap, Han Hans, Otto Neurath, Alfred Julius Ayer, quienes conformaron el llamado Circulo de Viena. Este grupo planteó y sistematizó un método científico denominado Método de verificación de hipótesis en el cual se parte de una hipótesis, pasa por el diseño de la prueba que permite la recolección y análisis de las observaciones y culmina con la verificación o falsación de la hipótesis.
Posteriormente Karl Popper (1934), en su libro titulado “La Lógica de la Investigación Científica”, critica el positivismo lógico y la verificación de hipótesis, sostiene que una ciencia que se limita a hacer estudios puntuales de situaciones particulares no puede ser ciencia ya que esta supone leyes, supone un conocimiento importante que tenga valor universal. Ubica la ciencia exclusivamente en su enfoque crítico y más precisamente, pone como criterio de demarcación entre la ciencia y la seudociencia la refutabilidad de un sistema teórico.
Las últimas obras de Popper contienen dos aspectos resaltantes: un énfasis en el carácter interpretativo de la interacción de la mente con los datos sensoriales y en la capacidad crítica y creativa de la mente autoconsciente (1980) y la creencia de que el fruto de esta mente forma un conjunto de verdades científicas objetivas (1985).
Es con Thomas Kuhn (1962) que la idea de simplicidad y fragmentación comienza a derrumbarse y da paso a un esfuerzo complejo por conocer la realidad de un modo integral como una dinámica que no puede ser subordinada a sus partes, el todo no es la suma de las partes y las partes no sustituyen al todo. Asimismo, critica severamente al positivismo lógico y sostiene que la ciencia no es un esfuerzo de verificar ni refutar hipótesis ya que los científicos toman la ciencia que existe, los conocimientos como una herramienta de actuación y comprensión de la realidad. Esta herramienta son los paradigmas ya que permite reinterpretar la historia de la ciencia y la información científica.
En la obra clásica de Kuhn (1962), La Estructura de las Revoluciones Científicas, se establece que el paradigma vendría a ser una estructura coherente constituida por una red de conceptos a través de los cuales ven su campo los científicos, una red de creencias teórica y metodológicas entrelazadas que permiten la selección, evaluación y crítica de temas, problemas y métodos y una red de compromisos entre los miembros de la comunidad científica, todo lo cual implica una definición especifica del campo de la ciencia correspondiente y se expresa en una tradición orgánica de investigación científica.
El paradigma surge cuando la comunidad científica se pone de acuerdo acerca de cómo es el mundo y cómo podemos conocerlo en el ámbito en el que estamos actuando. Se busca en todo momento que la realidad sea explicada por el paradigma y se perfecciona y enriquece a medida que esta realidad cambia (pp. 270-271).
Afirma que la investigación sólo se consigue como una labor que realizan los profesionales y científicos haciendo uso de sus capacidades, de la sabiduría adquirida de los paradigmas existentes que permiten intervenir la realidad.
Thomas Khun es el punto de partida para una visión más compleja de la realidad. Es el soporte de autores como Edgar Morin quien desde sus primeros libros (1946 L'An zéro de L'Allemagne) afrontó la complejidad convirtiéndose ésta en el común denominador de sus futuras obras. Con su enfoque, el papel del sujeto adquiere mayor valor ya que no se habla de enunciado ni de contrastar los hechos, se habla de nosotros como investigadores interviniendo la realidad para conocerla.
Posteriormente, surgieron nuevas formas de abordar la realidad como el análisis cualitativo. Según Paul Fayeravend (1975), en su libro “Contra el Método”, la idea de un método fijo o de una teoría fija de la racionalidad descansa en una visión demasiado ingenua del hombre y de su entorno social. Convencido de que éste no es el modo como procede y la forma como progresa de hecho la ciencia, sostiene:
1) La condición de que las nuevas hipótesis vayan de acuerdo y no se opongan a las teorías aceptadas no es razonable porque favorece y preserva la teoría más vieja y familiar y no la mejor. Las hipótesis que contradicen teorías ya confirmadas nos pueden ofrecer evidencia que no podría ser alcanzada por ningún otro camino. Por consiguiente, la proliferación de teorías es beneficiosa para el progreso de la ciencia mientras que la uniformidad le resta su poder crítico.
2) El conocimiento producido debe ser conocimiento para la vida, para solucionar los problemas cotidianos, para la preservación de la especie y el desarrollo de las sociedades. No debe ser sólo conocimiento contemplativo al margen de la realidad.
El planteamiento básico de este enfoque es producir conocimiento a través de la reconstrucción de la realidad, del estudio de lo que hacen las personas para enfrentarse a ella.
Con el surgimiento del movimiento cualitativo surge la teoría de la complejidad de Edgar Morin, basado e inspirado en Thomas Kuhn. El concepto de complejidad nació en Morín a finales de los años 1960, vehiculizada por la teoría de la información, la cibernética, la teoría de sistemas y el concepto de auto-organización y plantea tres grandes componente:
1) Entidad objetiva compleja con múltiples elementos.
2) Un contexto, una totalidad de la que ella forma parte.
3) Los sujetos que interactúan.
La complejidad es el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico. Se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre (Morin, 1990, p.32). La complejidad como un modo de pensamiento implica penetrar más allá de la máscara, más allá de la apariencia de lo real, allí donde el fenómeno se torna más complejo.
Según Morin (1990), es necesario disipar dos ilusiones que alejan a las personas del pensamiento complejo:
- La primera es creer que la complejidad conduce a la eliminación de la simplicidad. La complejidad aparece allí donde el pensamiento simplificador falla e integra en si misma todo aquello que pone orden, claridad, distinción, precisión en el conocimiento. Mientras que el pensamiento simplificador desintegra la complejidad de lo real, el pensamiento complejo integra al máximo posible los modos simplificadores de pensar, pero rechaza las consecuencias mutilantes, reduccionistas, unidimensionales y finalmente cegadoras de una simplificación.
- La segunda ilusión es la de confundir complejidad con completad. Ciertamente la ambición del pensamiento complejo es rendir cuenta de las articulaciones entre dominios disciplinarios, aspira al conocimiento multidimensional. Pero sabe, desde el comienzo, que el conocimiento completo es imposible. (Ibidem, pp. 22,23)
Gabriel Ugas (2008), en su obra titulada “La complejidad un modo de pensar”, establece seis principios fundamentales del pensamiento complejo:
1) El principio dialógico o de dialogización: en un sistema complejo hay un diálogo de lógicas. Consiste en relacionar ideas y principios de dos lógicas antagónicas. Esto permite afrontar las contradicciones que surgen del pensamiento complejo. Consiste en relacionar términos sin eliminar o reducir al otro ya que por separado cada término o cada lógica resultaría insuficiente.
2) El principio de recursión: Para comprender los sistemas complejos (la vida, el universo, la sociedad, las organizaciones, entre otros) se traducen, en termino de teoría, aquellas entidades y características que son producto a la vez que productores y causas del mismo proceso que las genera, es decir, las instancias complejas de un proceso se definen en términos de instancias más simples, estando las finales más simples definidas de forma explícita.
3) El principio hologramático: no sólo la parte está en el todo sino también el todo, en tanto todo, está dentro de la parte.
4) El principio de emergencia: no se puede sacrificar el todo a la parte (reduccionismo), pero tampoco sacrificar la parte al todo (holismo). Se debe establecer un vaivén continuo e incesante entre el todo y sus partes ya que en las realidades o en el todo surgen cualidades o propiedades nuevas (emergencias) que no son reducibles a los elementos (partes) que la componen y que retroactúan sobre esas realidades, es decir, en el todo surgen propiedades que no estaban en las partes consideradas aisladamente o de manera sumativa.
5) El principio de auto-eco-organización: la explicación de los fenómenos debe considerar la lógica interna del sistema y la lógica externa de la situación o entorno. El mundo está constituido por relaciones y en él emergen “realidades” dotadas de una determinada autonomía. Estos fenómenos autónomos deben ser considerado en relación con su entorno o ecosistema de forma integrada.
6) El principio de borrosidad: permite al pensamiento razonar con enunciados y conceptos inciertos. Va en contra de la tendencia a no reconocer entidades de medianía. Ayuda a concebir entidades mixtas o mezclas producidas en una organización compleja. (2008, pp. 15-18)
Estos principios, nos permiten situar los diferentes niveles de complejidad en que se ubican los seres vivientes. El sujeto emerge desde el punto de vista sistémico y cibernético donde un cierto número de rasgos propios de los seres humanos son incluidos en el objeto. Emerge a partir de la auto-organización, cuando la autonomía, individualidad, complejidad, incertidumbre, ambigüedad, se vuelven los caracteres propios del objeto. Y emerge también en sus características existenciales.
- La primera es creer que la complejidad conduce a la eliminación de la simplicidad. La complejidad aparece allí donde el pensamiento simplificador falla e integra en si misma todo aquello que pone orden, claridad, distinción, precisión en el conocimiento. Mientras que el pensamiento simplificador desintegra la complejidad de lo real, el pensamiento complejo integra al máximo posible los modos simplificadores de pensar, pero rechaza las consecuencias mutilantes, reduccionistas, unidimensionales y finalmente cegadoras de una simplificación.
- La segunda ilusión es la de confundir complejidad con completad. Ciertamente la ambición del pensamiento complejo es rendir cuenta de las articulaciones entre dominios disciplinarios, aspira al conocimiento multidimensional. Pero sabe, desde el comienzo, que el conocimiento completo es imposible. (Ibidem, pp. 22,23)
Gabriel Ugas (2008), en su obra titulada “La complejidad un modo de pensar”, establece seis principios fundamentales del pensamiento complejo:
1) El principio dialógico o de dialogización: en un sistema complejo hay un diálogo de lógicas. Consiste en relacionar ideas y principios de dos lógicas antagónicas. Esto permite afrontar las contradicciones que surgen del pensamiento complejo. Consiste en relacionar términos sin eliminar o reducir al otro ya que por separado cada término o cada lógica resultaría insuficiente.
2) El principio de recursión: Para comprender los sistemas complejos (la vida, el universo, la sociedad, las organizaciones, entre otros) se traducen, en termino de teoría, aquellas entidades y características que son producto a la vez que productores y causas del mismo proceso que las genera, es decir, las instancias complejas de un proceso se definen en términos de instancias más simples, estando las finales más simples definidas de forma explícita.
3) El principio hologramático: no sólo la parte está en el todo sino también el todo, en tanto todo, está dentro de la parte.
4) El principio de emergencia: no se puede sacrificar el todo a la parte (reduccionismo), pero tampoco sacrificar la parte al todo (holismo). Se debe establecer un vaivén continuo e incesante entre el todo y sus partes ya que en las realidades o en el todo surgen cualidades o propiedades nuevas (emergencias) que no son reducibles a los elementos (partes) que la componen y que retroactúan sobre esas realidades, es decir, en el todo surgen propiedades que no estaban en las partes consideradas aisladamente o de manera sumativa.
5) El principio de auto-eco-organización: la explicación de los fenómenos debe considerar la lógica interna del sistema y la lógica externa de la situación o entorno. El mundo está constituido por relaciones y en él emergen “realidades” dotadas de una determinada autonomía. Estos fenómenos autónomos deben ser considerado en relación con su entorno o ecosistema de forma integrada.
6) El principio de borrosidad: permite al pensamiento razonar con enunciados y conceptos inciertos. Va en contra de la tendencia a no reconocer entidades de medianía. Ayuda a concebir entidades mixtas o mezclas producidas en una organización compleja. (2008, pp. 15-18)
Estos principios, nos permiten situar los diferentes niveles de complejidad en que se ubican los seres vivientes. El sujeto emerge desde el punto de vista sistémico y cibernético donde un cierto número de rasgos propios de los seres humanos son incluidos en el objeto. Emerge a partir de la auto-organización, cuando la autonomía, individualidad, complejidad, incertidumbre, ambigüedad, se vuelven los caracteres propios del objeto. Y emerge también en sus características existenciales.
Este repaso histórico, sobre los distintos enfoques que han surgido a finales del siglo XX permite evidenciar la forma como la ciencia ha evolucionado en sus enfoques y ha pasado de no tomar en cuenta, de negar la existencia del sujeto, por ser la fuente de perturbación, la deformación, el error, que hace falta eliminar a fin de lograr el conocimiento objetivo, desligándolo totalmente del objeto, a darle una mayor importancia reconociéndolo y presentando tanto al objeto como al sujeto de manera recíproca e inseparable.
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